miércoles, 5 de febrero de 2014

¡GRACIAS SEÑOR!

Gracias, Señor, por el momento hermoso en que mi alma se lleno de gozo, que hizo nacer la esperanza en mí.
Gracias, Señor por tu voz tan quieta que se hace oír cuando el dolor aprieta, y es como ungüento de consuelo santo que neutraliza mi cruel quebranto.
Gracias, Señor, por tu amistad continua que me liberta de toda ruina, dándome fuerza para seguir por el sendero del buen vivir.
Gracias, Señor, porque eres bueno, porque cultivas en el terreno de mi existencia las frescas rosas de tus palabras dulces y hermosas.
Gracias, Señor, porque alumbraste un día con luz de aurora en mi tarde umbría. Y ya no anduve por camino erróneo, pues fuiste tú mi compañero idóneo.
Gracias, Señor, porque aprendí el secreto de un pensar sabio y concreto, y ahora puedo confrontar la vida sin vacilar, con la frente erguida.
Gracias, Señor, porque tú existes, para los pobres, para los tristes, para el humilde de corazón que arrepentido busca el perdón.
En fin, Señor, gracias por todo lo que tú eres; y por el modo tan compasivo que hay en ti; Yo soy tu hija, mora en mí.

Anónimo

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